Inicio / Opinión / Más de 20 años sin Itzulia en Barakaldo

Más de 20 años sin Itzulia en Barakaldo

 

Más de 20 años sin Itzulia en Barakaldo

El ciclismo duerme en la ciudad, pero no compite en ella

Una vez más, el entorno del Hotel Puerta de Bilbao vuelve a convertirse en un pequeño cuartel general del ciclismo profesional. Autobuses de equipos, mecánicos afinando bicicletas, ciclistas reconociendo etapas cercanas… La escena se repite con cada nueva edición de la Itzulia Basque Country. Barakaldo está, pero no está.

Porque mientras la ciudad acoge, organiza y facilita, la carrera pasa de largo. Y ya no es algo puntual ni circunstancial. Es una tendencia que se ha consolidado con el paso del tiempo hasta convertirse en una ausencia difícil de explicar: Barakaldo lleva más de 20 años sin acoger una etapa de la Itzulia.

Una desconexión que se arrastra desde 2005

Hay que remontarse a 2005 para encontrar la última vez que el nombre de Barakaldo apareció en el guion oficial de la carrera, en aquella ocasión como punto de salida. Para encontrar una llegada hay que ir todavía más atrás, a principios de los años 90, cuando la prueba tenía una relación más directa con la Margen Izquierda.

Desde entonces, el ciclismo de élite ha seguido recorriendo Bizkaia con normalidad, enlazando etapas en Bilbao, buscando finales en localidades con tradición montañosa o apostando por recorridos cada vez más selectivos. En ese nuevo mapa, Barakaldo simplemente ha desaparecido.

Y sin embargo, cuesta entender por qué.

Una ciudad que vive el ciclismo más allá de la cuneta

Porque si algo no falta en Barakaldo es cultura ciclista. No es una afición ocasional ni dependiente del paso de grandes carreras. Es una práctica constante, cotidiana, profundamente arraigada en la identidad de la zona.

Cada fin de semana, decenas —o cientos— de ciclistas salen desde la ciudad hacia Enkarterri, hacia la zona minera o hacia los puertos cercanos. Los clubes mantienen una actividad continua, las escuelas siguen formando a nuevas generaciones y el ciclismo forma parte del paisaje social con una naturalidad que pocas ciudades pueden reivindicar.

Barakaldo no es solo un lugar donde se ve ciclismo. Es un lugar donde se hace ciclismo.

Por eso, la sensación que se instala con el paso de los años es incómoda: la ciudad participa en la Itzulia, pero lo hace desde los márgenes, como anfitriona silenciosa, nunca como protagonista.

El Argalario, el símbolo de una oportunidad perdida

Si hay un elemento que resume esta contradicción es la subida al Argalario. Conocida, exigente y perfectamente integrada en el entorno urbano, reúne todas las características que el ciclismo moderno busca para sus finales de etapa: dureza suficiente para marcar diferencias, accesibilidad logística y una cercanía que permitiría llenar sus cunetas de aficionados.

En una carrera que cada año busca finales explosivos y recorridos espectaculares, sorprende que una ascensión con estas condiciones no haya encontrado aún su espacio.

No se trata solo de diseñar una etapa. Se trata de reconocer un potencial evidente que, hasta ahora, permanece sin explotar.

Más que deporte: visibilidad, identidad y oportunidad

Cada llegada de la Itzulia transforma el municipio que la acoge. Durante unas horas, el foco mediático se traslada a sus calles, sus paisajes y su gente. Es una oportunidad de proyección que va mucho más allá del deporte, con impacto económico, turístico e incluso simbólico.

Barakaldo, pese a su tamaño, su ubicación estratégica dentro del área metropolitana de Bilbao y su capacidad organizativa, lleva demasiado tiempo al margen de ese escaparate.

Y lo paradójico es que la carrera sigue estando cerca. Tan cerca que los equipos duermen en la ciudad, entrenan en sus carreteras y conviven con su entorno durante días. Pero cuando llega la hora de competir, el recorrido toma otro camino.

Una pregunta que sigue sin respuesta

No es una cuestión de nostalgia ni de reivindicación vacía. Es una reflexión que tiene que ver con la coherencia entre lo que Barakaldo representa dentro del ciclismo y el papel que se le concede en la principal carrera del calendario vasco.

Porque, a estas alturas, la pregunta ya no es cuándo volverá la Itzulia.

La pregunta es más directa, más incómoda y más necesaria: ¿cómo es posible que una ciudad como Barakaldo lleve más de dos décadas fuera del recorrido?

 

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *